jueves, 16 de abril de 2009

¿Por qué somos monárquicos?

Somos monárquicos porque no tenemos razones para no serlo, ya que la república nos muestra día tras día su ineficiencia, lo que queda demostrado por ejemplo a través de la mala gestión del Ministerio del Interior, ya que tuvo que venir un extranjero para que la ministra se diera cuenta de que hay hacinamiento en las cárceles y que los reclusos están en malas condiciones. Algo totalmente vergonzoso. Se necesita que venga alguien del exterior para que se haga algo en esta república. Y aclaramos que decimos esto, con todo respeto ante las autoridades actuales y no buscamos de modo alguno ofender a la ministra Daysi Tourné ni a ningún republicano.

La monarquía ha sido a través de toda la historia de la humanidad, con sus diferentes civilizaciones y culturas, la forma más natural y aceptada de gobierno. Sin duda, los ejemplos más admirables de monarquías fueron las monarquías europeas y todavía lo son, las que aún persisten. Si por tantos siglos funcionaron las monarquías, entonces debe ser que no eran tan malas, como los republicanos creían, ya que actualmente, cuando el mundo está regido mayoritariamente por repúblicas, se puede observar claramente el gran deterioro político, económico, social y moral, en la generalidad del mundo. Un mundo globalizado, cuya superpotencia mundial dominante aplasta los demás nacionalismos y culturas del mundo, con su ideología materialista, capitalista y consumista. Y por otra parte, están las llamadas "repúblicas populares" como China y Cuba, con sus gobiernos autoritarios y comunistas.

La monarquía moderna, es una forma democrática y no autocrática de gobierno (téngase en cuenta además que nunca hubo una monarquía totalitaria, ya que los gobiernos totalitarios surgieron en el siglo XX con dos repúblicas: la Alemania nazi y la Unión Soviética). De las doce potencias económicas más fuertes del mundo, ocho son monarquías, y de los diez países con mayor índice de desarrollo humano, siete son monarquías.

En las monarquías, el Jefe de Estado es vitalicio y por lo tanto el mismo puede inspirar y conducir verdaderas políticas de estado, a largo plazo y no como en las repúblicas, donde cada unos pocos años se cambia de presidente y el nuevo presidente, muchas veces, deshace totalmente lo que hizo su predecesor, generando inestabilidades continuas en la política y en la sociedad. Ejemplo de esto son las políticas educativas en nuestro país; ¿cuántas reformas educativas han habido en los últimos años? El monarca siempre le da continuidad a los proyectos de su predecesor, ya que éste es de su familia y lo ha educado para ser monarca desde la infancia con honestidad, nobleza y competencia; mientras que el presidente no es educado desde la infancia para el cargo, simplemente fue elegido por el pueblo. Sólo puede servir como Jefe de Gobierno, pero nunca como Jefe de Estado, ya que el monarca es como la "cara" de la nación, el símbolo de unidad nacional, el que personifica la tradición histórica del país y le da continuidad.

En una monarquía moderna (como nos gustaría tener en nuestro país), existe un parlamentarismo verdadero, tal como el del Reino Unido, donde el pueblo elige al Parlamento y éste al Primer Ministro, el cual tiene el respaldo del Parlamento y del monarca y es además amigo del monarca, no su competidor o enemigo, como en el caso de muchas repúblicas parlamentarias.
El monarca siempre piensa en el bienestar de su pueblo y nunca es corrupto (monarca no es tirano), independientemente de su dotación, pero el presidente depende de su dotación para no caer en corrupción; por eso es que el sueldo del presidente de los Estados Unidos es tan alto. Mientras el monarca piensa en el futuro de su nación, el presidente está pensando en las próximas elecciones.

Por último decimos que la monarquía es de derecho divino, ya que el pueblo elige al presidente, pero al monarca lo elige Dios; y que las familias reales y no las presidenciales, fueron siempre, son y seguirán siendo, las familias modelos para sus naciones, el ejemplo a seguir, la guía y fuente de la moral y las buenas costumbres. La monarquía y su nobleza, y el clero (el primer y el segundo estado), siempre fueron las fuentes de todos los valores y virtudes que actualmente conocemos, tales como el amor a la patria, la fe, el honor, el coraje, la lealtad, la generosidad y la solidaridad. Por eso somos monárquicos.